Libre de pecado

Tengo la suerte de estar este curso trabajando en el mismo colegio del curso pasado.

¿Os imagináis un trabajo a cinco minutos de reloj de casa donde te sientes a gusto y valorado, donde se fomenta tu creatividad y donde tus aportaciones son un valor añadido a las iniciativas de tus compañeros?

En esas ando.

Este curso, a mis chicos del año pasado se me han unido tres nuevas almas. Un repetidor desmotivado y una pareja de hijos de la emigración por la crisis. Buenos fichajes de comportamiento y actitud excelentes. 

Con este buen ambiente, ya hemos hecho la primera excursión de la temporada. Cerquita. Cultural. Que nos salga barata y aprovechemos los recursos que ofrecen gratis instituciones culturales, porque la crisis ya entró de lleno en mi clase y dos tristes euros son un desembolso muy importante.

Así que allí nos plantamos, tres maestras y cincuenta niños. En la capital. En esa Huelva que tan mala prensa tiene por su polo químico, la ministra de economía de tan buenas ideas y otras lindezas.

Y es que al onubense de pro se le llena la boca hablando de las balsas de fosfoyesos, de refinerías y de chimeneas... De la contaminación, de bla bla bla bla.

Y como eso es muy feo nos llevamos a los chicos a un barrio muy famoso de la capital; histórico, protegido. Y sucio y lleno de papeles y mierdas de perro de tal forma que los chavales se quejaban con razón del olor y de que se les comían las moscas.

A la hora del desayuno nos fuimos a una plaza protegida del tráfico, donde el mobiliario urbano roto y lleno de pintadas dejó a mis alumnos desayunando el el suelo evitando, una vez más, las caquitas de animales que se se esparcían por doquier.

Genial.

Después nos fuimos al Museo. Un museo que recibe un número de visitas de ciudadanos irrisorio y ridículo, según me contaron los responsables.

Al terminar, mientras nos recogía el bus que nos debía traer de vuelta al cole, nos fuimos a otra plaza donde los perros hacían cositas fuera del vallado que acotaba la zona de pipís y caquitas.

Es más, una señora muy bien vestida nos puso muy mala cara cuando las maestras le pedimos que no tuviese el perro suelto puesto que era peligroso con tanto niño corriendo.

Echamos media horita preguntándonos el porqué de tanta suciedad, tanto papel, tanta botella y vaso de plástico, tanto olor a pis, tanta mierda seca en el suelo.


Y es que ... El Ayuntamiento de Huelva lo hace todo fatal... ¿A que sí? Mira que no limpiar las calles... Mira que no arreglar el mobiliario urbano... Mira que...

Mira qué imbécil es la gente que pone a cagar a sus perritos en cualquier sitio, que tira los papeles al suelo, que no usa las papeleras y que desaprovecha los recursos que sí tenemos en nuestra tierra. Mira qué fácil es echar balones fuera cuando el ciudadano de a pie es el que pone a su perrito a hacer caquitas donde no debe y tira el papel al suelo.

Así que, como en este caso estoy totalmente libre de pecado (No estropeo el mobiliario urbano, no tengo perritos que ensucien, no tiro papelitos o basuras donde y cuando no se debe...) tiro la primera piedra. Y espero que vengan muchas más porque me niego a creer que nadie más se ha dado cuenta de esto en mi ciudad.

Amar a tu tierra es algo más que alzar la voz contra los grandes problemas. Querer al entorno es un cúmulo de cositas que empiezan por el civismo, por no hacer el vándalo y seguir los dictados de algo tan simpre como la buena educación.

Yo para mi Huelva querría menos aspavientos y golpes de pecho y más granitos de arena.

Comentarios

  1. Desde luego, los ayuntamientos, comunidades, etecé etecé tienen que dar unos servicios. Pero la responsabilidad cívica (¿qué será eso?) es vital. No te cuesta nada llevar tu bolsita cuando paseas a tu perrito y tirar sus caquitas a la papelerita. Igual que tirar el papelito del chicle o el bocata, o la lata de cocacola a la susodicha. Que somos todos muy adanes, hija. -Generalizo por no tirar más piedras.

    ¡Un beso, Lileth!

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  2. yo tiro otra piedra de éstas. No conozco Huelva, pero te creo al mil por mil en lo que cuentas. Hay cuiudades en las que parece que se han propuesto ser los más guarros del mundo mundial. Y desde luego el comportamiento de cada uno de los ciudadanos es ¡básico!

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  3. Desde luego que tienes toda la razón, la gente es una cochina!
    Aquí en mi ciudad desde luego limpian las calles siempre, barren, aspiran y luego desinfectan con agua caliente y algún producto que huele a lejía y que probablemente sea lejía, el caso es que las calles están bien limpitas...por suerte.

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