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Mostrando entradas de junio, 2013

Mil puñetitas al día

Cosas que Lileth detesta (sin un orden concreto):
- La gente que no cruza por el paso de peatones. - El sol en invierno. - La lechuga iceberg. - El ruido. - Los pintauñas a los que se le separan los componentes, y te los ves con un aceitillo por un lado y el color por otro. - Ordenar el cajón de los calcetines. - Las reuniones con demasiada gente.  - Las manchas en el albornoz blanco. - Que el boli escupa tinta. - Los coches que se saltan un ceda al paso. - La impuntualidad. - Que se me caiga el pelo. - Las carrilleras. Peor si les han dejado el hueso. - La comida con grasa. - La mayoría de pescados grandes. - El viento fuerte en la playa. - El viento fuerte en mis oídos. - Acabar un libro que me está gustando mucho. - Manchar la almohada la noche después de teñirme. - El dolor de garganta. - Sacar la basura. - Ir a lavar el coche. - Los programas de televisión con niños haciendo cosas de adultos. - El té caliente.
Nota: lista no completa.

Las hamburguesas son pequeñas, grandes las enseñanzas

En la fiesta de mi cole, como en todas las fiestas de colegio, pusieron una barra. Podíamos comprar bebidas, pinchitos, hamburguesas...
Los chicos habían sido advertidos y casi todos traían un par de euros para poder tomar algo, donados por papá o mamá. En otros casos era una abuela orgullosa de ver bailar a su nieto quien abría el monedero ara subvencionar unos refrescos a la chiquillería. Algunos padres protestaban porque la cerveza era sin alcohol.
Las maestras también tenemos hambre. Unas más que otras. Así que me fui a la barra y me pedí una fanta y una hamburguesa. Me dieron una tamaño mini, porque era lo que había. Me la quedé mirando con pena, porque eso a mi me iba a durar dos bocados.
Buscando un sitio apartado para comerme aquello con tranquilidad me encuentro con el psicólogo de peces, que también lleva comida entre manos.
- Ey, ponte aquí conmigo, comamos juntos.
- No puedo, tengo que enseñarle la comida al maestro para que vea que me he gastado lo que me ha dado en la comida,…

San Google

No sé si le pasa a todo docente, o soy yo la tonta que se mete en mil fregados que, cuando llega junio, voy por el colegio como pollo sin cabeza acudiendo a una cosa y a otra. A todo digo que sí y al final estoy llevando mil proyectos para adelante, los propios y la mano que echo en los ajenos.
En uno de estos paseos que me pego por el colegio me paran cinco alumnas de sexto. Que ya han vuelto de excursión, que tienen un pie en el instituto y que hace un par de meses comenzaron a depilarse las piernas.
- Maestra, ven que te vamos a contar un chiste.
- Venga, pero deprisa, que tengo clase.
- ¿En qué se parecen la sacarina y un hombre que se ha operado de la vasectomía?
- ... - En vista de cómo comienza el chiste... No me atrevo ni a respirar.
- En que los dos endulzan, pero no engordan.
- Esto... ¿Vosotras sabéis qué es una vasectomía?
- Pues... Como una reducción de estómago, ¿no?
- Más o menos. Me voy, que tengo clase.

A la salida del colegio, en la calle, me aborda el grupito muerto de risa. 

De leones y peces

La primera vez que me hablaron de este chico me pusieron el cuerpo malo. A mi y al compañero que iba a recibirlo en su tutoría. 
Que te digan que viene al colegio un delincuente declarado te acojona aunque el susodicho apenas levante del suelo.

Le conozco de verle por el pasillo. Y de haber sustituido un par de veces en su clase. Y de aquella vez que lo tuve que sacar de la pista de baloncesto porque estaba peleándome con otro crío y casi me llevo una dentellada. Tengo reflejos.
Y es que cuando te has criado sufriendo los abusos más horribles de tu propia familia te acostumbras a que, cuando te agarran, algo muy malo te va a pasar. Si te inmovilizan los brazos y las piernas debes tenerlas en el suelo, soltar un bocado es algo lógico.
El león no era tan fiero como nos lo pintaron, pero tiene mucho mundo, y un equipaje muy pesado que pasea de centro de acogida en centro de acogida. Porque claro, el león es un niño mono, pero ya no es un bebé, y la gente que busca adoptar o acoger a un niño …

Cosas que he aprendido

Cosas que no sabía con 22 años, y ahora sé
- Se me da genial, y me encanta, vivir sola. - La estadística no es lo mío. Medianas, medias, modas... Fatal todo eso aunque me esfuerce. - La verdura, bien preparada y tal, está rica. - Adelgazar es muy difícil. Engordar es tremendamente fácil. - Sí que es necesario, y requetechuli, tener una colección de potis. Las barras de labios que tengas nunca son suficientes. - Soy una Master del Universo cocinando pasta. Y musaka.  - No me entusiasma viajar. Al menos no mucho después de haber vivido dos años pegada a una maleta. - Dormir en un aeropuerto es fácil. En un hospital, no. - Volar, en aviones, es aburrido e incomodísimo. - Ver a tus amigos tener hijos es emocionante. En todos los sentidos buenos que tiene esa palabra. - El deporte mola. - Me gusta estudiar por gusto, porque sí, por aprender.



Cosas que sabía con 22 años y ahora sé que no son verdad
- El tiempo pone a todo el mundo en su lugar. Mentira. - El esfuerzo tiene su recompensa. Mentira. - Ser buen…